Vivimos en una sociedad completamente desnivelada, unos con tanto y otros con tan poco. Y ¿qué hacemos ante ello? Aprovecharnos de la situación, quejarnos continuamente de lo que no tenemos, de lo que no nos gusta. Hablamos de hambre: -Mamá tengo hambre ( solo hace 4 horas desde la última vez que te llevaste algo a la boca).Eso no es hambre, nosotros no sabemos definir el hambre, pues, no la hemos pasado. Y aquellos que la pasan no se quejan, luchan constantemente para seguir con vida mientras nosotros nos rendimos desde el momento en el que algo nos sale mal. Muchas personas, incluso, se ríen de ese mal que otros sufren, no somos conscientes del dolor que niños de hasta un año cargan en los hombros, teniendo que caminar kilómetros para poder mojarse los labios. Ellos sueñan con una vida como la nuestra y nosotros que la tenemos soñamos con una vida superior, donde casi no mover un dedo para nada. En vez de eso deberíamos valorar lo que tenemos, disfrutarlo, compartirlo, y no añorar aquello que nunca hemos tenido, pues quizás no la necesitemos. Luchar. Y no solo luchar por nosotros mismo, si no, también por todos aquellos con los que compartimos el mundo, independientemente de que sean indios, saharianos, moros, chinos... somos todos desigualmente iguales.

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